El sendero.


Es curioso darse cuenta de cómo el plan, aunque creamos que está bien pensado y controlado, puede cambiar en un solo instante. Uno piensa fríamente y se auto impone disciplinas, teorías, códigos de vida... implantados por la consciencia de lo razonable, quizá, buscando caminar por un sendero más seguro, menos doloroso, más cómodo que no más fácil. También uno piensa que después de llevar caminando tanto tiempo por dicho sendero nada puede hacerte desviarte de él, te has hecho fuerte en su seno y ha habido circunstancias antes que han intentado desviarte y, en ocasiones, con mucha fuerza... Entonces, ¿por qué ahora es diferente? ¿cuál es la magia o el embrujo? Dos instantes y sobra uno para darte cuenta que todos esos planes ya no te importan, que quieres otros y los quieres con fuerza aunque el camino que has de afrontar sea más desconcertante, intempestivo.
Somos extraños seres y, me gusta pensar, maravillosos en gran parte. Somos víctimas de nuestras propias pasiones, condenados a sus desenlaces, a veces dulces, otras no tanto...
¡Qué bello es vivir!

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