La era del artificio y la estupidez: Esclavos remunerados.

Dicen que la era de la esclavitud ya pasó, pero, ¿somos realmente libres?. Teniendo en cuenta que vivimos en una sociedad capitalista y estúpidamente consumista, mi visión de libertad contemporánea, aunque me hubiera gustado que tuviera más que ver con el estoicismo, está muy ligado al tiempo y, como no, a la riqueza económica.

Tenemos necesidades por las que hay que pagar un precio, en la mayoría de los casos, demasiado elevado. A lo largo de nuestra vida necesitaremos una casa, ropa, comida, transporte, sanidad… que solo podremos acceder si tenemos un cierto poder adquisitivo, un poder por el que, a no ser que el apellido Kardashian o Hilton siga a tu nombre, tendremos que trabajar dedicando más de la mitad de nuestro día (prácticamente la otra mitad estamos durmiendo) y que, en la mayoría de los casos, no es suficiente para poder conseguir todo lo anterior, circunstancia por lo que tendremos que hacer horas extra e incluso aceptar un segundo trabajo, lo cual reduce a cero nuestro tiempo libre. Y todo esto para que, además, tengamos que pagar prácticamente la mitad de nuestro sueldo al gobierno en concepto de impuestos. Y da gracias porque así podrás tener carreteras, educación gratuita, sanidad gratuita (gran privilegio en España aunque corras el riesgo de morirte mientras esperas a que te atiendan), ¿qué más da que no puedas pagarte un sitio para vivir o casi no te llegue para comer o que tu abuela se muera de frio porque no puede permitirse acondicionar su hogar?.

Me paro a pensar en los esclavos que durante los siglos XVIII y XIX trabajaban en los campos de algodón del sur de EE.UU. y me doy cuenta que tenían vivienda, comida y algunos trapos para vestir, proporcionados por su opresor, sin más lujos. ¿No es prácticamente lo que tiene la gran mayoría de la sociedad mundial de nuestro tiempo?¿no es cierto que, a la mayoría de las personas, su salario solo les es suficiente para pagar una vivienda (ridículamente pequeña en la mayoría de los casos o compartida con extraños), comida y algún trapito de vez en cuando? Es verdad que no nos fustigan cuando el patrón considera algún desorden o, por lo menos, no físicamente.

Esta sociedad ha sabido enmascarar la opresión haciéndonos creer que podemos elegir, nos ofrece oportunidades de progreso personal alimentando nuestra ambición, esa, por la que tendremos que trabajar más y más duro para, así, alcanzar nuestros objetivos convirtiéndonos, ingenuamente, en individuos más productivos para el sistema y que acaban por frustrar a la mayoría por no alcanzar sus sueños teniendo que conformarse con cualquier trabajo que le ayude a subsistir mínimamente y al que deberán dedicar su vida creándoles una enorme insatisfacción y tristeza, quizá, muy parecida a la que sentían esos esclavos del sur de EE.UU.

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